
del polaco nunca se me ha olvidado la música. de hecho, lo considero el idioma más musical de todos. en algún tiempo no lograba decidirme y creía que era el segundo más musical después del portugués, pero en realidad siempre estuve convencida de que era el más musical. conviví por lo menos con una decena de polacos de manera regular durante varios meses y no recuerdo a ninguno que no hablara dulcemente. toda la gravedad de las voces se esfumaba, perdiendo la identidad de quien hablaba, cediéndoselo todo a la lengua polaca. cuando llegó el momento de la verdad y fui a Polonia, sentía que lo entendía todo aunque sólo captaba las cosas más básicas. lo fascinante es que muy poca gente hablaba inglés o francés y mis nociones de alemán son muy básicas, así que no lograba seguir las conversaciones y a pesar de todo me subía a los colectivos, me iba a meter a los bares clandestinos de Cracovia, comía sopa en platos de pan y tomaba herbata (té) a rayo de sol como todos los polacos en verano. me gustaba mucho que las sandías las vendieran en trozos pero sin quitarles la cáscara. me sentía como en una caricatura con mi trozo de sandía tirada boca arriba en el parque.
la gente no me miraba como extranjera, había logrado de alguna manera volverme invisible para ellos, imitar la manera de andar de Dominika, Martha, Ewa, Marek y Maciej, todo eso sin ser rubia. a mi vuelta a méxico, tomaba clases con Małgorzata, quien sacramentalmente me preparaba un té antes de comenzar cada lección. amaba su clase llena de palabras con cinco consonantes seguidas sin ninguna vocal en el medio. me ayudó a preservar las melodías de ese idioma. luego mi razón para aprender polaco se marchitó poco a poco como una orquídea y sólo me quedaron las cartas, acompañadas siempre de timbres postales polacos marcados aún en zlotys, mismas que todavía me llegan. en la carta número uno que recibí de MW leí por primera vez las palabras ”coincidentia oppositorum” referida a la coincidencia armoniosa de su persona y la mía que percibía como “opuestas”. fue la primer carta romántica perfectamente articulada que recibí y que fue a depositar a mi buzón personalmente MW, quién vivía del lado opuesto de Lyon. Justo pensaba escribirle por lo menos un correo electrónico hoy pues tengo un poco de correo pendiente para contestarle en mi escritorio y en ese momento recibí un mail suyo angustiado por la falta de noticias mías. recordé lo solemnes que son los polacos.
ja jestem karlatone