Die fenster
“Mi tumba tendrá ventanas al cielo
que ni las lágrimas podrán empañar”
*Se quebraba el otoño de 2005 entre trigo y almendros cuando pensé, dije y escribí que me gustaría ejercer como oficio la bella profesión de miradora de ventanas y por dicho pensamiento-declaración-frase, me hice merecedora de esta bella foto:

de Cuauhtemaco (el único alemán que le quiere poner a los hijos que todavía no tiene el mexicano nombre de Cuauhtémoc, pareja de una de mis mejores amigas) de una ventana berlinesa y de una aparición en el último libro de S.Durbec y más recientemente del manuscrito de poesía Ventana Vertebral de mi amigo el poeta Rogelio Espinoza. Nunca se han apartado de mi, son invitaciones arquitectónicas irresistibles.

Son un lugar común en todo lo que es relativo a la contemplación y la melancolía pero no por ello me han dejado de gustar. Sin lugar a dudas, son uno de mis clichés favoritos. Hace un par de días miraba la foto de una ventana que me recordó a la ventana de mi primer departamento en Tarascon.
Había como una especie de parentesco entre mi ventana y ésta otra ubicada en la colonia Roma en la casa del joven Millhouse. Fue una reflexión tardía. Hace apenas unos minutos me di cuenta de que algo en su ventana me hablaba y aunque sus árboles fueran menos frondosos que los que yo veía todos los días desde mi ventana:
me daba una sensación de calidez el hecho de mirar la foto de su ventana…que viene siento como una metaventana pues la fotografía en sí es una ventana.

ventana de la torre del Moulin Brûlé, mi hogar en Boulbon.
” No volverán como vinieron.
Hay un dicho:
la parvada que te lleva
no es la misma que te trae.
Y a veces no hay parvada de regreso
y cada cual
regresa solo y como puede”.
Fabio Morábito
Mirado en el delicado libro Alguien de lava, otra ventana, la de estos días.








